Necesito mis fotos con la policía

Está linda la foto del policía dando un boleto de oración. Oremos por ese proselitismo, que lo hagan ley como la Cocakkkola aprobada en el WiC

Solo me pregunto cómo es que la iniciativa del agente Méndez es una excepción a la regla cuando debería ser la norma.

Hace unos años recibí una agresión por parte de un vecino en presencia de más de cinco testigos. El incidente ocurrió a eso de la una de la madrugada de un sábado, en las postrimerías de una actividad de la comunidad.

La manera en que el hombre me agredió fue la siguiente: me tomó por las muñecas de tal manera que las torció hasta llevarlas al suelo. Otra vecina intervino para evitar que mi rostro llegara al pavimento.

Llegué a mi casa desconsolada. Da la cosa que mi hijo mayor, que no está en la Isla, me llama. Me comunico con la caseta de seguridad y llamo a la policía. Se personan a mi residencia dos agentes, uno de ellos de apellido Encarnación, que me recomienda que radique una orden de protección por acoso.

Voy a tribunales y la jueza me dice que ese no es el procedimiento a seguir, “que los guardias están haciendo eso mucho”. Esa vista duró como cinco minutos y la jueza miró el reloj más que a mí.

Ahora quiero hacer una querella administrativa y, de hecho, si la jueza tiene conocimiento de que hay un volumen de casos en los que la policía orienta incorrectamente a la ciudadanía, ¿no le compete a ella misma ajusticiarse?

Escribo porque son muchas las veces en que mi experiencia personal no va a tono con ciertas imágenes. Solo por mi salud mental.

En otra ocasión, escalaron mi residencia, de día, mientras yo trabajaba. Solo se llevaron un Sony Bravia de 64 pulgadas. Voy al CIC y la dama que me atiende me pregunta el código postal del pueblo donde se ubica el CIC donde ella labora. Es que, como ella vive en otro pueblo, no ha podido aprenderse el código de memoria.

Le recité como ocho códigos postales y le dije que a lo menos ya sé que no cuento con que encuentren mi televisor, si no encuentran un zipcode.

Las veces y con el estilo que me sacan de la playa. Ya no, ya no voy a la playa. Ya entendí que la playa es pa los turistos. Yo me arrimo a cualquier rancho porque hay que seguir instrucciones.

En el caso del incidente de la agresión, luego encontré que la Policía apenas cierra el 2% de los casos de querellas administrativas. Oh, olvidé que días después del incidente de agresión, que me persono al cuartel a dar seguimiento a mi querella contra el vecino, el agente me dice que estaba por comunicarse conmigo para que le aclarara, porque al cuartel se personaron vecinos a decir que había sido yo la agresora.

Le digo al policía que qué lindo tres personas que me doblan en tamaño, tener tres días pa aprenderse un libreto. Le pregunto si le trajeron reporte médico versus el hecho de mi estado de nervios a las tantas del amanecer y a ver si quién llama a la policía por gusto.

Está linda la foto del policía dando un boleto de oración. Oremos porque lo hagan ley como la Cocakkkola aprobada en el WiC.

En otra ocasión fui presa por rebasar una verja y grabar con un celular. No me leyeron mis derechos ni me dieron resultados solicitados del caso.

En otra ocasión fui víctima de violencia doméstica. El policía que me llevó a mi casa, de camino, me acarició el pelo bien suave mientras decía: “bendito, tan bonita”

Pero me siento en cualquier esquina y lo que me vigilan. Es por mi bien. Hace poco hicimos un evento o una marca para recordar los 40 años del fatal desahucio a Adolfina Villanueva. A ese “evento” me llegó una mamá con su nena. Hasta el final de la carretera nos llegó una patrulla, cosas.
Pero en una reunión de comerciantes, una dueña de agencia habló de cómo se tuvo que quedar en su guagua dos horas metida en medio de un tiroteo que le vació una goma, que ella llamó a la policía y como a las dos horas llegaron. En la reunión el comandante le dice que cualquier cosa o pregunta, que para eso le dio el teléfono.

Ahora se arrodillan
A orar

Hubo una vez que yo iba tal a mi velocidad por el carril derecho. La patrulla (obvio, no sé en sí que es una patrulla pero yo detesto que “me carguen” en la carretera) así que, por reflejo, dejo ir el acelerador sin meter freno. Ese vehículo por poco aterriza en mi techo de la frená que dio. Cuando se me va por el lado, que yo veo que es una patrulla, lo que no vi fue mi marbete de hace diez días vencido. Estoy en el cuchillo hacia Obras Públicas pero yo no salí a buscar marbete ninguno.

En menos de lo que el oficial me dijo buenas tardes su licencia, ya su compañero me estaba desatornillando mi tablilla de veteranos. No la dejaron en Carolina, que estaba ahí al lado.
Tuve que jalar de Loiza hasta Bayamón. Y mi asunto para aquél tiempo o según me dijeron, era solo los miércoles. En fin, que no me dieron mi tablilla, me sacaron un número nuevo.

No tengo fotos de eso.

No tome cokkkacola, no le coma ni butifarras al yanki amerikkkanos.