Difícil retratar un zumbador: un día por la libre en Librería Loíza

El otro día me fui unos días a casa de mis hijos “para no hacer nada” y terminé limpiando detrás de la lavadora y encima de la nevera.

Cuando se es de una manera. Y no por tirarme pero, no es que sea la más pulcra, me gusta ver limpio. Como que la mente descansa mejor.

Hay quien puede ver el asunto de volver a limpiar como una horrible rutina, y nada más cierto. Imagínese quedarse sin bañarse porque se ha hecho de nuevo.

Ese motor de querer ver las cosas bien, es lo que aplico en la Librería, a lo que da el cuerpo.

Entonces, el zumbador (porque nada mejor que sentarse a pajarear luego de haber despejado algo) me viene a visitar cada día, o a cada rato. Se queda por mucho tiempo.  Esas fotos también se las debo. Aparte de que estuve otro tanto sin celular, por razones có(s)micas.

Nota: vivo de lo que escribo. Si en algún toma alguna nota mía y la pasa por su nombre, eso no es copiar, es robar.

Como fuese, son demasiadas las anécdotas para narrar en lo que conlleva el diario vivir en la Librería. Ya de a poco estamos preparando unas transmisiones, a ver si salimos de adolescente.

El zumbador se pasea entre la mata de parcha.

La convivencia es tosca, recia y amable. Cada uno sale a laborar en su afán como entiende, me enseñan mucho con su ejemplo.

O quizá sea este un débil hola. Feliz de estar de regreso virtual.

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