Mi opinión sobre Words with Friends

Me encanta el juego de Scrabble como tal porque, soy muy suspicaz de por sí a cualquier clase de juego, como decir, se me hace muy difícil quedarme dormida, como igual difícil se me olvidan ciertas cosas, ciertas historias. Los nombres se me van con los Panchos, pero hay cierta historia en ciertas palabras. Otras se me pegan por piloto automático.

Eso me sienta de maravillas con el juego de Scrabble. No es un juego de estar muy dormido.

Entonces, porque en mi caso, mi experiencia con Scrabble se remonta a mis años desde antes de casarme oficialmente por primera vez. O sea, jugar Scrabble de cuando se escribía la letra en el cuadrito de madera para tomarlo con la mano y ponerlo en el tablero. No para ponerlo con un botón.

Como fuese, cuando yo empecé a jugar Scrabble por internet, era en una página que se llamaba http://www.isc.ro

Esa página todavía existe. Es liviana y no requiere información personal. Tiene sala de chat personal y público, moderadores y demás.

Yo, estando casada, veía el Sol salir jugando en esa página. Ni el marido viendo porno a escondía de la mujer.

Lástima que isc.ro no tuviese versión de celular o androide porque es la única razón por la que, al paso de la tecnología, me topo con Word With Friends, una aplicación con multitud de mundos paralelos, a cambio de la generosidad de los anunciantes.

Es que estoy jugando ahora y ellos siguen tirándome la promo de que les haga o les comparta mi opinión y cómo pretenden de que, después de que literalmente llenan lo que es un vacío en mi vida, un sentir humano compartido de querer conectar sin que el otro sienta la necesidad de invadir, pues, aparte de los que chantajean el juego por una conversación (lo que se resuelve NO CONTESTANDO) pues, se pasa de maravilla. No sé cómo nadie tiene la cara de pedirle nada más, tomando en cuenta todo lo que le paga, que cualquier juego son $20 y $60.

Ellos pretendían que yo -yo- sacara de mi tiempo para darles las gracias en dos oraciones.

Ahí se les fue lo de inhumano. Espera, ¡se me olvida que es un app! 😁

Tercer alacrán que me pica: vida en la Librería

Ya es el tercer alacrán que me pica en lo que vengo viviendo en Librería Loíza. La suerte es que los tres han sido los hijos de su madre. Si llega a ser la madre, no creo que lo cuento derecho.

En otra ocasión, me pasó una cucaracha pero enorme por el brazo izquierdo. Da la cosa que la picada ahora fue en el brazo izquierdo. Casi todo lo sufro en el lado izquierdo de mi cuerpo.

Esta vez, después de sentir que eso que me picó no era un mosquito, igual se me apareció una cucaracha grandota, luego de fumigar un poco.

Y en el ladito, las ratas parece que me han hecho un nido en el pasito de acera a la Librería. A esas les pegué fuego.  La cucaracha la saqué, el alacrán lo maté (usé bórax, digo, ácido bórico) y ahora estoy en vela. Pendiente a ver si aparece quién más quiera algo… el gallo… alguien… algo…

En guerra.

Y cuando más, que por fin puede decirse, he limpiado este espacio donde vivo, un microespacio en un 10×5 que, con todo y su ejército de insectos gladiadores, me encanta tanto. Me late hogar.

El ácido bórico en la puerta. Lo retraté de lejos.
“Con tanto mosquito, quién duerme”.
Mi camita, ahora sin alacrancito.

Cuando una causa es estilo de vida, no hay de otra.

Ya son tres años de este ritmo. Gracias a los que siguen creyendo desde el principio. Nada nos detiene a la creación en Librería Loíza, de la Sala de la Niñez, Marta Bombón, en honor a mi señora madre, doña Marta Cristina López Arroyo. Así me lleven los alacranes en el 2021.

Librería Loíza es espacio borinqueño, loiceño y panafricano, ubicado en la PR-187 km 21.5 en la Comunidad El Mamey, bautizada así por Jelmén, el Poeta de Loíza.

Donativos: http://www.paypal.me/loiza